Como una lluvia casual en mitad del desierto, tus ojos me encontraron entre la multitud. Podría denominarse, especial, pero, siempre hay pros y contras. Me agarraría a un clavo ardiente, accedería a las condiciones más miserables, por ver esa sonrisa todos los días a mi lado. Pero esto conlleva un precio. Cuanto dolor siento, cuando veo tu libertad desplegándose, cuanto miedo siento con cada paso, cuanto miedo siento al mirar a mi alrededor. Las palabras ajenas me golpean como las bolas de granizo sobre los coches. Hago caso sumiso, pero estas caen sobre mi alma como puñales, arrebatándome el sentido común. Esto es algo nuestro, y no de los demás, me repito cada día, y se que esta no será una razón del fin, pero la verdad es que me dificultan muchísimo el camino. Tus intereses, no se parecen ni de lejos a los míos, ¿y qué nos queda? ¿simples besos? ¿qué es eso, comparado con un interés mutuo? Me pregunto si algún día llegaremos al entendimiento. Quiero verlo, pero me siento cegado por un mar de palabras que me dicen todo lo contrario a lo que tu sientes. Quizás le este dando demasiada importancia a esto. Es una racha mala, me digo, nos queremos, me repito. Y al final de toda esta palabrería, aparece un suspiro de alivio, acabas de llamarme, para recordarme lo mucho que me amas.
Aprendí que nada se regala, que el trabajo es lo que vale, que no esperes una sonrisa de vuelta, porque esas ocultan cosas. Aprendí que lo importante es lo que hagas y que esas acciones te definan claramente. Sueño constantemente aun a sabiendas de que me estrellaré dolorosamente.
jueves, 29 de marzo de 2012
martes, 27 de marzo de 2012
Abriste esa puerta, con nombre felicidad.

Me gustan las cosas sencillas, donde no existe la monotonía, donde tus besos se hacen largos como días, y las discusiones cortas como un parpadeo. Donde el tiempo no importa, y cada uno de los momentos se hacen especiales a su manera. Un eterno constante en los labios, una pasión infinita, un cariño dulce y una pizca de romanticismo. Cosas que se suman poco a poco, y constituyen eso a lo que llaman felicidad. Y todo se resumen en ti. Dos cuerpo orbitando uno alrededor del otro. Y tú con tu sencillez, con esos ojos claros, que muestran la más clara inocencia, empezaste un libro de título, tu y yo, algo bonito que nadie entiende, algo que solo tu y yo sabemos. Algo que se extenderá por el mundo, algo contagioso, algo diferente pero especial, sobre todo especial. No creía en las segundas oportunidades, hasta que me topé contigo. Tus abrazos son droga, droga del que soy un adicto. Nunca pensé que tanta felicidad se pudiera concentrar en solo una persona. Pero así fue, yo a ti te encontré.
lunes, 26 de marzo de 2012
y nunca acabaremos de ver una película.
Nunca olvidare ese viernes, ese viernes de diciembre, los dos tumbados en el sofá, viendo aquella película de miedo. Pocos centímetros separaban nuestros cuerpos. En cuestión de minutos la vergüenza se transformó en ganas, y lo que eran centímetros se transformaron en milímetros. Tu torso fundido con el mío, tu respiración golpeándome el cuello, dificultando cada vez más la mía, todo empezó muy despacio y culminó en el mejor momento, en el mayor de los placeres. Mientras nuestras lenguas se enredaban y nuestros torsos se unían cada vez más, nuestras miradas se cruzaron, y ocurrió. Ese momento, tan mágico, tan especial, que ni el alzheimer podrá borrar de mi mente. Fue un golpe directo y conciso. El amor me había encontrado. 16
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