jueves, 13 de septiembre de 2012

Caminé por un paisaje desierto, me conocía el camino como la palma de mi mano, me senté junto a un río seco, mis lagrimas lo llenaron, y de repente, una mano tocó la mía, sin mirar yo sabía cual era, era tu mano, mi llanto se detuvo, y rápidamente te miré, esos ojos que me llenaban y me llenan el alma, mi primer impulso fue abrazarte, tocarte, sentir tu olor a dulce, besar tus labios rosados, y decirte bien alto y claro, cuanto te amo, que siempre me sentí fuera de lugar, y que contigo me sentía bien, en mi sitio, querido de verdad, me sentía feliz por primera vez, sentía que el mundo giraba a nuestro alrededor, sentía que mi mundo eras tú, y las palabras no son nada y me lo digo a mi mismo, pero solo puedo demostrártelo así, y jurándote mi amor eterno, mi fidelidad, mi compañía en los duros momentos, no dejaré que experimentes la soledad, nunca te dejaré, tu no dijiste nada solo me besaste y comenzaste a alejarte, yo corrí, pero no te alcancé, y de nuevo todo comenzó, me encontraba en un paisaje desierto del cual me conocía el camino como la palma de mi mano...

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