Los fallos, esas cosas que todos temen y todos desean, temor por el dolor, y deseo por aprender y no cometerlos más. Cuantas veces habré fallado? Ni me acuerdo, porque han sido tantas, de muchas me arrepiento y de otras no, aunque de la mayoría si que me arrepiento. No me gusta recordar, porque siempre se le acompañan unas lágrimas, no me gusta odiar, porque siempre viene el conocimiento de mi debilidad al no haber reaccionado a tiempo. No me gusta confiar, porque de ella viene de la mano la traición. Me da miedo la compañía porque de ella viene de la mano la soledad. Todo suena muy pesimista, pero es que a veces y por rachas la suerte no está de nuestro lado, pero yo intento ponerle al mal tiempo buena cara. Me gusta el sentimiento que me produce recordarte, porque me siento cálido, me siento capaz de amar, me siento capaz de dar, olvidó por unos instantes esa sensación de rabia y soledad, de dolor y tristeza. Me acuerdo de tus besos y tus abrazos, de tu sonrisa bobalicona, de tu forma de ser tan infantil, y no sé, pero la rabia se me va, y no sé el porqué, pero me siento mejor, aunque sé que no estas me siento mejor acordándome de ti, es raro, y quizás masoquista, porque después de la sensación reconfortante viene la realidad, golpeándome y recordándome que no te tengo y que todo no es más que una simple ilusión. Pero no me importa, no importa que no estés o que no vayas a estar, porque yo me siento orgulloso y no me arrepiento de haberte amado y seguir haciéndolo como lo he hecho. No me he olvidado de ti y no pienso hacerlo.
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